La Sra. Ansiedad, una gran maestra

7. Sra. Ansiedad

La Sra. Ansiedad, una gran maestra

He aquí la historia de cómo la ansiedad me cambió la vida. Ella fue y es una de las heridas que me permitió y me permite encontrarme con la luz.
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Terminada la universidad, teniendo 22 años, llegó de pronto la ansiedad, de noche, en forma de insomnio. Me impedía dormir. Me tocaba el hombro e insistía en que realmente piense por qué existía…Mi mente no podía parar de pensar. La maldita ansiedad no se iba. No se iba.
Me conectó con un dolor muy profundo. Ya no lograba funcionar en el día a día. Le lloraba día y noche rogándole que ya no venga, que se vaya. Le tenía mucho miedo.
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Dormía muy poco, vivía desvelada. En la madrugada me ponía ropa para salir a correr, pero no tenía fuerza. Ya en la calle, sólo lograba caminar, con los ojos hinchados, llenos de lágrimas, sintiendo en lo más profundo de mi ser todo el dolor que no había sentido en esos 22-23 años, sintiendo finalmente en el sótano del alma todo el polvo que había metido debajo de la alfombra de la vida. Me conecté con una tristeza muy profunda: la mía y la de toda la humanidad. Desde ese momento ningún dolor humano podría serme indiferente.
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Toqué fondo.
Me desperté.
La ansiedad vino a levantarme, a cachetadas.
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En un inicio la hice dormir con pastillas. Me dieron de todo, desde ansiolíticos hasta un hipnótico. Los odiaba, sentía que me volvían dependiente. De hecho, me volví. Durante mucho tiempo llegué a pensar que quizás nunca más podría dormir sin tomar una pastilla.
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¡Cómo odiaba la ansiedad! Quería matarla. Lo paradójico era que al mutilar sus partes, sus brazos y su cabeza se multiplicaban. El personaje se engrandecía, crecía, me invadía más. ¿Cómo reduzco tanta ansiedad?
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Mi ansiedad era (y es) muy profunda. Se relaciona a la angustia de existir, de vivir, de SER. Con su llegada, todo me dolía, y más de noche. Para mí dormir se volvió una conexión directa con la muerte, la incertidumbre de existir en la tierra. Ante tanto caos quería control, dominar mi sueño (lo incierto, la muerte), y mientras más lo intentaba, menos lo lograba. Con los años me fui dando cuenta que este camino no me llevaba a ningún puerto.
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Gracias a todo este terremoto interno empecé a ir a terapia y empezaron a surgir mis obras de arte. Ellas tenían que nacer, sino, creo yo, hubiera muerto. Sin ellas me hubiera perdido. Me reconectaron con Dios, la gran fuente de luz y amor que está detrás de todo. Fuente que me contiene, me abraza, como una madre espiritual.
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Esta búsqueda del sentido, de la razón de ser de la alegría y el dolor, del sin sentido que implica existir, me ha llevado a hacer arte y a formarme como terapeuta de artes expresivas, para así sanarme y ayudar a otros a sanar a través del arte. Gracias a este viaje interno hoy puedo decir que he logrado amistarme con la ansiedad.
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Hoy veo a la ANSIEDAD como una MAESTRA.
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Un día, en una sesión de terapia, hablando sobre la ansiedad, mi terapeuta me dijo: “¿Por qué no la dibujas?”. Y lo hice.
La ansiedad tiene un reloj en la mano y una regla en la otra, para medir todo, para calcular, para que nada se le escape. Es mujer. Es neurótica.
Dibujándola, al hacer su mirada quise que sea “dura”,“hiriente”, propia de una mujer “mala”. Sin embargo, NO PUDE. El ser divino que guía mi mano cuando estoy dibujando no me lo permitió. Tracé una mirada dulce. Sólo podía dibujar una mirada tierna.
Me sorprendí. Me detuve. En una micra de segundo comprendí su razón de existir:
La ansiedad es buena y tiene miedo.
La ansiedad es mi amiga y me está pidiendo ayuda.
Es una mensajera.
Si la escuchamos entenderemos que algo nos pide.
Si la escuchamos.
He ahí la importancia de darle espacio para que sea atendida.
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Hoy en día, cada vez que viene, la recibo como lo que es: un personaje que me visita. Me da ternura y la abrazo. Juntas respiramos lento, cantamos, rezamos, y nos quedamos dormidas.
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Solté la pastilla, solté el control, el reloj, la regla, me quité yo también los zapatos y con compasión la aprendí a abrazar. Ahora, cuando viene a visitarme, la recibo desde otro lugar.
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Hoy quiero HONRAR a la Sra. Ansiedad, mi gran maestra.
Gracias a ella he mirado y viajado hacia dentro.
Gracias a ella hoy me conozco y me quiero más.
Gracias a ella tengo más compasión conmigo misma (mis seres internos) y con los demás.
Gracias a ella cultivo día a día la santa paciencia.
Gracias a ella continúa viva mi búsqueda.
Gracias a ella he aprendido a respirar, a meditar.
Gracias a ella he vuelto a rezar.
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Hoy le agradezco a la ansiedad.
Gracias infinitas por ser esa herida que me ha permitido (y me permite) ver la luz.
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Espero que este dibujo y estas palabras puedan ayudar a otros a conectarse, relacionarse y convivir con la Sra. Ansiedad, una gran maestra. Ella nos muestra a cada uno de nosotros el camino de vuelta a casa. Recibámosla con amor y escuchemos lo que tiene que decirnos.

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